Tráfico de piezas arqueológicas: un negocio que mueve millones
Sunday, 09 December 2012
IMBERT, Puerto Plata.- La casa de Adriano Rivera parece un pequeño museo que él mismo custodia con un sentido casi religioso. Ollas de barro, pequeños zemíes, conchas marinas y guayos de coral; piedras labradas en forma de animal y de las que los indígenas usaban como hachas son parte de las piezas que Rivera ha distribuido en cada rincón de su vivienda ubicada en este municipio del norte dominicano.

Pero de toda su colección, que supera los cien objetos, un hueso de manatí bellamente labrado y un mortero de piedra arcaica destacan entre los demás por su belleza, por su estado de conservación y por su precio.

“Una vez vino a verme una persona y cuando vio el mortero me ofreció de una vez cincuenta mil pesos”, cuenta Rivera, a quien se le debe haber dado a conocer el más importante hallazgo arqueológico hecho en la Cordillera Septentrional en los últimos años: 35 yacimientos precolombinos que hoy estudian expertos del Museo del Hombre Dominicano (MHD) y de la Universidad de La Sapienza, de Roma.

La oferta que Rivera rechazó no es más que el inicio de un retorcido camino a través del cual piezas arqueológicas de incalculable valor llegan a manos de coleccionistas privados, tanto dentro como fuera de República Dominicana. Algunas de las reliquias que el arqueólogo aficionado no ha podido salvar se venden en el mercado negro entre cinco mil y cincuenta mil pesos, aunque suelen aparecer objetos más preciados como un dúho de madera intacto, que pueden llegar a valer aquí hasta ocho millones de pesos.

“Esto ocurre en todo el país”, dijo a LISTÍN DIARIO Juan Rodríguez Acosta, director del MHD, quien recuerda cómo entre finales del 2004 y principios del 2005, en calidad de curador y subdirector del Museo, realizó la documentación y pasos legales para la recuperación de 85 piezas en el 2004 y de otras quince en el 2005, ahora en propiedad del Estado.

Negocio millonario

Esa vez el negocio traspasó las fronteras y la recuperación de los objetos fue el resultado de acciones conjuntas emprendidas por la Embajada de Estados Unidos en República Dominicana, el Departamento de Aduanas y Protección de Fronteras de Miami, y el Museo del Hombre Dominicano. Las piezas habían sido sacadas ilícitamente del país a través de envíos a Europa (su destino final era Italia) vía el estado de Florida. 

Europa y Estados Unidos son precisamente los principales mercados de piezas arqueológicas precolombinas, sin mencionar el negocio subrepticio que se realiza en territorio dominicano.

“Aunque mucho de lo que se trafica es falso, el mercado principal es Estados Unidos”, comentó a LISTÍN DIARIO el francés Jean Michel Montespan, un experto en arqueología, de paso por República Dominicana proveniente de África.

Según Montespan, presidente de la fundación que lleva su mismo nombre, arqueólogo de restos humanos y “útiles del hombre primitivo” a decir de Abelardo Lamberto Jiménez, antropólogo físico del MHD, se pueden encontrar piezas originales en ciudades europeas como París, precisamente en casas especializadas en venta de antigüedades.

Dependiendo de su estado de conservación, un trigonolito (piedra de forma triangular con tres rostros) puede costar entre 8,000 y 80,000 euros; un zemí original (ídolo, por lo general de piedra tallada) entre 50,000 y 250,000 euros, y un dúho de madera (una suerte de pequeño asiento ceremonial), el más valioso de todos, “hasta medio millón de euros”, aseguró Montespan.

“El tráfico de piezas arqueológicas no es una debilidad exclusiva de República Dominicana, es de todos los países”, dijo a LISTÍN DIARIO Nikauly Vargas, secretaria general de la Comisión Nacional Dominicana para la Unesco (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura).

La representante explicó que el organismo promueve la protección del patrimonio universal desde que en 1970 se firmó la Convención sobre las medidas que deben adoptarse para prohibir e impedir la importación, la exportación y la transferencia de propiedad ilícitas de bienes culturales.

Convenciones

A partir de entonces otras convenciones y dependencias como el de la Protección del patrimonio mundial, cultural y natural de 1972; la de Defensa del patrimonio arqueológico, histórico y artístico de las naciones americanas de 1976, y el Comité intergubernamental para fomentar el retorno de los bienes culturales a sus países de origen o su restitución en caso de apropiación ilícita -creado en 1978-, buscan hacer frente al mercado negro.

En República Dominicana la propia Constitución, en su artículo 101, establece: “Toda la riqueza artística e histórica del país, sea quien fuere su dueño, formará parte del patrimonio cultural de la Nación y estará bajo la salvaguarda del Estado. La ley establecerá cuando sea oportuno para su conservación y defensa”.

Lourdes Camilo de Cuello, subsecretaria de Patrimonio Cultural, mencionó a LISTÍN DIARIO la Ley 41-00, cuyo artículo 47, en el párrafo I, señala textualmente: “La salida del país de cualquier bien mueble que se considere como integrante de patrimonio cultural de la nación, requerirá del permiso previo de la Secretaría de Estado de Cultura. En caso de exportación o sustracción ilegal, el bien será decomisado y entregado a la Secretaría de Estado de Cultura”.

Camilo agregó que otro aspecto referente a la protección del patrimonio es la integración del Comité Nacional para la Lucha contra el Tráfico Ilícito de Bienes Culturales (en proceso de integración), pero pese a éste y otros esfuerzos que llevan a cabo las autoridades, en la Cordillera Septentrional o en otras regiones del país, el saqueo y tráfico ilegal de restos arqueológicos no se castiga.

El museo de Rivera

En Imbert, sin embargo, Rivera, el arqueólogo aficionado de 63 años que ha ayudado a rescatar objetos valiosos del período precolombino, tiene en mente otra brillante idea: junto a su amigo César Estrella, también aficionado a la arqueología (el plan incluía además a Elías Manzur, pero falleció hace un año), piensa instalar un museo para exhibir todas las piezas que han reunido en todo este tiempo.

“Lo que quiero es salvarlas”, comenta el antiguo maestro que tiene en su sala carteles y afiches sobre arqueología y restos indígenas muy bien ordenados que instalará en el local que todavía le falta.
 
 
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