Mujer del Caribe; alejada de la Tierra
Thursday, 15 November 2012

En estos días mientras le hacía unos comentarios a una querida amiga sobre unas fotos tomadas durante su aventura de “rappelling” , en un pueblo cercano al nuestro, leía tambien los de ella. Recordaba de cómo abuela me decía una y otra vez: “Las nenas no pueden trepar palos.” Mi amiga tambien me comentaba que aunque es muy femenina, le agrada ese contacto con la naturaleza. Mi mente me hizo recordar cómo yo continuaba trepando árboles para que abuela comprendiera que las nenas sí teníamos la habilidad. Por supuesto, siempre me metía en un lío por no entender que abuela se refería a los paradigmas machistas de la sociedad en que vivíamos. (Volvemos a comprobar que yo siempre he sido un guineo de otro racimo!)

Reflexioné y entendí que la raíz de esa mentalidad iba más allá de los tiempos de mi abuela. Entendí que a la mujer caribeña se le había privado /prohibido de las costumbres y prácticas ancestrales Taínas. Me explico. Dentro de la espiritualidad Taína, a la manifestación creadora en el plano físico se le conoce como Atabey, madre de la Tierra y el Mar. Esta manifestación es femenina. Por ende, en la cultura Taína al igual que en muchas otras culturas indígenas, particularmente de la Amazonía, la mujer es una figura importantísima, y en ella se ve ese reflejo de Atabey, como una fuente portadora de vida. Por esa misma conexión, era la mujer quien se encargaba de sembrar y de la agricultura en general. Era un proceso completo, desde la bendición de las semillas, hasta el importante simbolismo que conlleva el que fuera la mujer quien las sembrara, figura terrenal conectada a la fertilidad y a Atabey.

Resalto que nuestras ancestras fueron la fuerza creadora de vida en el Caribe, no se crea ni por un instante que los barcos que llegaron despues de la invasión, vinieron cargados de españolas para que procrearan junto a los europeos. Otra manera de alejar a la mujer Taína de sus costumbres, fue alejándola de la tierra. La agricultura se convirtió en trabajo de “hombres”. Para conformar con esas nuevas normas y costumbres, podemos entender ahora por qué abuela me decía que “las nenas no pueden trepar palos”, por qué no podía irme al cañaveral en los tiempos de zafra y brindándome el sólo privilegio de acercarme a lo que tanto me fascinaba, cuando se me otorgaba el llevarle a abuelo la friambrera con su almuerzo y su termo de café.

Muchas mujeres de principio del siglo XX, contaban con que sus hijos adolescentes asumieran las responsabilidades agrícolas de su difunto padre. Tambien hubo otras muchas que se encontraron solas y con hijos que mantener y con su coa, hazada y machete, regresaron a las tierras a hacer lo que fuera para proveer el sustento en sus hogares. A través de los años y las anécdotas sobre estas últimas, he podido notar que eran vistas como mujeres fuertes, hasta siendo comparadas con hombres, tambien convirtiéndose en retos o amenazas a los hombres del barrio. La mayoría, o se quedaban solas y otras eran tomadas como amantes, pero tenían que seguir en su lucha  solas, recibiendo migajas de amor, a veces más escasas que los mismos alimentos.

Esta desconección con nuestra propia naturaleza se ha encargado de quitarle poder a la mujer en un sistema patriarcal que es totalmente opuesto al que viene grabado en nuestra memoria celular.

Vuelvo al presente y a mi mente aflora la estampa de mi amiga escalando y la mía propia “trepando palos”. El que estemos en un monte o una cueva es vernos como “mujeres atrevidas, riesgosas”, mentalidad que sigue cargando el yugo del distanciamiento, porque somos decididas, independientes y rompemos los moldes de lo establecido.

En el mundo de cemento en que vivimos, y me refiero tanto a las estructuras como tambien al empañete sobre nuestra verdadera esencia, veo como la gente puede observar la foto de un paisaje de los hermosos lugares de nuestro planeta y donde la naturaleza aún no ha sido violada, y el alma se les quiere salir añorando estar en ese lugar. Yo interpreto esas sensaciones como una señal de que nuestra esencia sigue intacta y viva, aún con el empañete pesado y grueso con el que cargamos.

La mujer de hoy tiene la capacidad de liberarse de todos esos dogmas forzados y romper el empañete como si apenas fuera arena la que nos cubre, cuando jugamos a la orilla del mar. La mujer de hoy puede regresar a esa conexión directa, siendo tan fácil como quitarse los zapatos y caminar por el patio o por un parque descalza. Esa fuerza única que nos ata con la madre Atabey ha estado esperando en un estado catatónico, pero alli, tan pura como hace más de 520 años atrás.
 

Despierta mujer, la tierra te llama!

 

Autor: Tai Pelli

Fuente: http://taipellienespanol.blogspot.com/2012/11/mujer-del-caribe-alejada-de-la-tierra.html

 
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