Lloran los peces del Batey Delfín
Wednesday, 23 February 2011

Mayagüez, BORIKEN - Al alcalde de Mayagüez, José Guillermo Rodríguez, siempre le inquietó el hecho de que aunque a la ciudad se le conoce como el pueblo Indio, los indios de allí no dejaran rastro de su existencia.

Quizás por eso, cuando el promotor cultural adscrito al Instituto de Cultura Puertorriqueña, Edwin Albino le alertó sobre la posible existencia de un asentamiento taíno en los márgenes del Río Yagüez, en el barrio El Quemado, se embarcó en la aventura de auspiciar un trabajo de investigación -con la colaboración del ICP- que dio con el asentamiento que confirma la existencia de los indios de Mayagüez.

El Batey Delfín del Yagüez se encuentra localizado a unos 6.5 kilómetros al este de la bahía de Mayagüez, en el barrio El Quemado. El lugar es una terraza de origen aluvial de aproximadamente unas cinco cuerdas ubicadas en la parte alta del cauce medio del Río Yagüez.

"La terraza forma parte de la ladera de una montaña de una estribación que arranca del macizo de la Cordillera Central conocida como Montañas Urayoán, dice el arqueólogo Juan Rivera Fontán en una ponencia sobre la investigación que llevó al hallazgo del asentamiento y que fue presentada en el VI Encuentro de Investigadores, sobre trabajos de investigación arqueológica del ICP.

La montaña lleva el nombre del valiente Cacique Urayoán, regidor de esa comarca quien junto al Cacique Supremo Agueybaná ahogó en el Río de Añasco al español Diego Salcedo para probar que los colonizadores no eran ni dioses ni inmortales.

Su elevación fluctúa entre los 63 y 67 metros sobre el nivel del mar. Y la montaña de la cual forma parte tiene una altura de 230 metros.

La forma del Batey Delfín del Yagüez es un paralelogramo un poco irregular con sus cuatro esquinas abiertas. Mide 47 metros de longitud con un promedio de 33 metros de ancho cubriendo un área aproximada de mil 551 metros cuadrados.

"Por sus dimensiones se puede considerar como el cuarto de mayor tamaño de los bateyes reportados en Puerto Rico, sólo superado en tamaño por los bateyes de Sabana en Orocovis (4,900); Palo Hincado A, en Barranquitas (3,850) y Caguana A (Plaza Principal), en Utuado (1.750).

No es sólo el cuarto en tamaño sino que su iconografía lo sitúa como uno de los más importantes hallazgos de todo el Caribe y el primero de iconografía marina.

Las piedras que forman el muro este del asentamiento presentan una especie de estela iconográfica en la que se destacan la representación de cuatro figuras de animales marinos. Dos de esas figuras son esculturas de cetáceos de 1.50 metros de longitud promedio.

La primera escultura representa un Delfín el cual tiene labrado un ícono antropomorfo en su costado. Ese elemento iconográfico atrajo tanto la atención de los investigadores que se ha utilizado para darle nombre a este sitio arqueológico: Batey Delfín del Yagüez.

La segunda escultura se ha identificado como una Ballena Cachalote. El tercer ícono marino es un petroglifo que representa la figura de un pulpo con cara antropomorfa y una lágrima en su ojo izquierdo.

La cuarta figura es una piedra con una forma sugestiva semejante a un pez que no muestra evidencia de alteración artificial. Por su asociación dentro del conjunto rupestre que se presenta en el muro el arqueólogo Rivera Fontán postula "que los constructores le dieron un significado y se considera como un eco-ícono, parte integral de la iconografía del batey".

El concepto eco-ícono (objeto natural sin modificación artificial que representa o que contiene una significación) aplica al monolito del terminal sur del muro. La piedra resultó ser la de mayor tamaño en la estructura del batey y ostenta en sus cuatro lados una masiva presencia de hoyos helicoidales (marmitas). "Por su colocación y disposición (sacada unos 50 cms. al oeste de la alineación exhibe una destacada presencia dentro de la estructura", sostuvo.

Ese contexto les dio indicio a los investigadores de los atributos simbólicos presentes en el monolito y su participación dentro de las representaciones rupestres del batey.

"Una iconografía similar pero elaborada en rocas calizas la hemos encontrado en varios monolitos remanentes de un batey en el sitio U-27 del Barrio Caguana en el municipio de Utuado (Proyecto Caguana-Utuado) y en monolitos de la colección arqueológica del Instituto de Cultura Puertorriqueña", dijo.

El suelo rojo intenso de la terraza está formado, básicamente por sedimentos aluviales depositados por el Río Yagüez, con una contribución menor de sedimentos coluviales (producto de la erosión del monte que la delimita hacia el este), sobre un manto de roca descompuesta.

De hecho en la plataforma se han localizado 86 manchas de posibles socos de estructuras, "elementos de suma importancia para definir la organización interna de este asentamiento".

Rivera Fontán, arqueólogo de la División de Arqueología del ICP que ha estado al frente de la investigación desde hace 15 años recuerda que en el primer reconocimiento se verificó que la alineación de piedras descubiertas en la finca del Barrio El Quemado "formaba parte de una primitiva construcción indígena asociada a las áreas de bateyes o a los llamados centros ceremoniales de los indios antillanos"

"De los elementos registrados en este batey resaltamos la impresionante muestra de arte rupestre que exhibe. Quince de las piedras en los muros de este batey tienen algún tipo de representación iconográfica. De interés especial son la extraordinaria asociación de seis figuras marinas, cuatro en el muro este y otras dos en el muro oeste. Sobresale la presencia de dos sorprendentes esculturas que representan dos cetáceos, la de un delfín y la de una ballena cachalote, elementos reportados por primera vez en el registro arqueológico del Caribe", ha dicho textualmente Rivera Fontán.

La asociación temática de este batey con la fauna marina se comprueba con el hallazgo de cinco pequeñas esculturas en piedra de 60 centímetros de longitud que representan figuras estilizadas de peces. "Estas pequeñas esculturas desplazadas de su lugar original fueron encontradas dentro de la masa de relleno de los taludes".

"Este conjunto de figuras marinas puede catalogarse como un hallazgo excepcional en los estudios de la arqueología indígena del Caribe", apunta Rivera Fontán.

El investigador llama la atención a la presencia de dos piedras en el muro este que aunque son totalmente naturales por sus formas sugestivas, su asociación dentro de la estela del muro y/o por su colocación destacada se entiende que los constructores le imprimieron algún tipo de significación. "Otro detalle de este conjunto es la presencia de lágrimas en el ojo izquierdo en tres de los petroglifos documentados", fue una cita.

La técnica de construcción utilizada para levantar los paneles de piedra que forman los muros del batey, es la de colocar varios niveles de piedras superpuestas contra los cortes o taludes construidos. Las piedras de la base son de mayor tamaño y están orientadas de manera horizontal, sobre éstas se colocaban otros niveles de piedra.

"Encontramos evidencia que apunta a que este batey fue sometido a procesos de rehabilitación y/o reconstrucción. Elementos que evidencian esta posibilidad son la doble disposición de estratos compuestos por materiales mezclados (una especie de mogolla) encontrada en la formación del talud en el muro oeste, la presencia de monolitos con petroglifos que originalmente debieron tener una orientación vertical y están colocados de manera horizontal y la presencia de socos hacia su interior", hemos citado.

Otros artefactos asociados a actividades súper estructurales fueron recuperados durante la investigación. "Nos referimos al hallazgo de unos seis trigonolitos burdos, una máscara de piedra de cara antropomorfa y una cuenta de piedra con una figura humana labrada en su cuerpo central. La presencia de estos artefactos nos indica el acceso de sus habitantes a una serie de bienes de prestigio o poder que acentúa la importancia de este asentamiento en el desarrollo del poblamiento Taíno de la región", fue una cita.

En la plataforma elevada que define el sector sur de la terraza se documentaron unas 86 manchas de posibles socos. Lo que demuestra, según el arqueólogo "la existencia de por lo menos tres estructuras de madera asociadas al batey".

"El Batey Delfín del Yagüez es el primer sitio arqueológico asociado a la cultura taína reportado dentro de la jurisdicción del Municipio de Mayagüez", confirma Rivera Fontán.

Los resultados obtenidos hasta el momento demuestran, sin lugar a dudas a que estamos en presencia de un lugar habitacional de primer orden. Su naturaleza y magnitud apuntan hacia la existencia de un importante núcleo poblacional taíno en la región para el momento previo a la conquista y colonización española.

"La presencia de esa área de batey y la posibilidad de que existan otros bateyes en este sector perduró en la memoria colectiva de la región debiendo ser el elemento que generó el nombre del Barrio Bateyes. La colindancia actual de este barrio queda sólo a unos cien metros al sureste del batey.

De como dieron con el batey, Rivera Fontán cuenta que en el año 1983 se desarrolló en el lugar la construcción de un sistema de charcas para cultivar camarones, actividad que transformó por completo la morfología de la terraza. Como parte de esos trabajos se realizaron cortes y nivelaciones de las laderas del monte, la remoción de corteza terrestre de la terraza y el depósito de grandes cantidades de relleno para crear los cabezales que delimitaban las charcas. Rivera Fontán incluso encontró evidencia que apunta a que hubo una relocalización de una quebrada al norte del batey.

De aquella primera visita de inspección que hicieron los arqueólogos del ICP y el personal del municipio de Mayagüez a la finca de camarones de El Quemado han pasado 15 años. Hoy el batey está restaurado y listo para exhibir su singular belleza. Ahora se afinan los detalles para la construcción de estructuras que permitan complementar lo que será el primer parque arqueológico de Mayagüez.

Ya puede estar tranquilo el alcalde de Mayagüez. Los indios del Yucayeque del Yagüeca son de la estirpe del Gran Cacique Urayoán, aquel cuya estrategia puso fin a la falacia de la inmortalidad de los explotadores colonizadores, y por quien se organizó la gran revolución liberadora del pueblo taíno. Allí, en el Barrio El Quemado está la evidencia de su existencia rescatada en honor a su grandeza y valentía. Quién sabe si por él, todavía hoy, lloran hasta los peces del Batey del Delfín del Yagüez.

Autor: Millie Gil
Fuente: http://mayaguezsabeamango.com
 
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